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Paolo Moiola
Interviste (marzo 2004)

“Hemos tenido capitalización, no privatización”

 

El actual presidente de Bolivia, Carlos Mesa, asumió el poder el 17 de octubre del 2003, tras la renuncia de Gonzalo Sánchez de Lozada (1993-97 y 2002-03) en medio de una grave crisis desatada por la llamada “guerra del gas”, contra la venta de ese energético a EEUU y México. Mesa, periodista e historiador de 51 años, asumió la responsabilidad de articular un gobierno de salvación y atender una lista interminable de demandas sociales del país más pobre de América del Sur (NA, Oct. 22, 2003).

Paolo Moiola, colaborador de Noticias Aliadas, entrevistó a Mesa en La Paz sobre su posición respecto al neoliberalismo y las perspectivas de su gobierno hasta el 2007.

 

Se ha hablado mucho de Bolivia en los meses pasados a causa del problema del gas. ¿Podría explicarnos, en pocas palabras, los términos de la cuestión?

Bolivia es un productor muy importante de gas. La capitalización, iniciada en 1994, ha permitido aumentar enormemente la cantidad producida. Hay, entonces, un gran horizonte económico de exportación y transformación del gas. ¿Cuáles son los problemas? Primero, una dificultad histórica inicial, debido a la reivindicación de Bolivia de tener acceso propio al mar. Actualmente las exportaciones se realizan a través de un puerto chileno sin soberanía. En segundo lugar, la mayoría del pueblo boliviano no quiere vender el gas a Chile, pues este país no dará una respuesta favorable a la cuestión de nuestra salida al mar. Este hecho crea problemas para la exportación del gas hacia México y EEUU. Más fácil es exportar gas a Argentina y Brasil, a los cuales ya les vendemos.

Además de hablar de exportaciones, debemos empezar a beneficiarnos directamente de nuestro gas, utilizándolo como fuente energética interna y sustituyendo las máquinas a petróleo con máquinas a gas. Todo esto significa incentivar una transformación e industrialización del gas in situ.

 

Concretamente, ¿qué está haciendo su gobierno?

Estamos estudiando una nueva ley de hidrocarburos que aumenta los impuestos de las empresas transnacionales de modo que Bolivia pueda beneficiarse de mayores entradas. Repito: es necesaria una nueva política energética global para nuestro país. Esto significa que queremos exportar el gas, pero también industrializarlo y darlo a los bolivianos como fuente energética.

 

¿Cuáles son los fundamentos sobre los cuales se quiere construir la nueva ley de hidrocarburos?

Lo que no queremos es un sistema de impuestos por gusto. Esto pasa también por la seguridad y la estabilidad política de Bolivia. Si no logramos alcanzar un equilibrio, no será fácil demostrar a las empresas transnacionales que los contratos anteriores no eran justos ni para los bolivianos ni para ellos.

Estamos presentando nuestra propuesta de modificaciones a las compañías petroleras y al Parlamento. Trabajamos en una propuesta de ley, que quiere combinar una garantía de seguridad para quienes invierten (las empresas) y un retorno económico para nuestro país. Es uan contratación abierta..

 

 

Desde hace años se asiste en todo el mundo a un proceso de privatizaciones llevado a cabo según los rígidos dictámenes del neoliberalismo. ¿Cómo se ha producido esto en Bolivia?

En primer lugar, hay que precisar que Bolivia no ha trabajado en la privatización en la misma línea que el Perú o Argentina. El nuestro ha sido más bien un proceso de capitalización.

En segundo lugar, el trabajo se hace en tres grandes empresas nacionales: petróleo, energía eléctrica, telecomunicaciones, ferrocarriles y transporte aéreo, con éxitos muy diversos. En el sector aéreo ha sido un desastre y hemos llegado al borde del fracaso. En los ferrocarriles el resultado ha sido bueno en lo económico, sobre todo el ferrocarril del oriente, pero ha sido negativo en el aspecto de la oferta, pues algunas líneas estuvieron cerradas y por consiguiente la gente estuvo privada del servicio de transporte, como ocurrió en el ferrocarril de Potosí. Es necesario, por tanto, recalibrar un poco la prioridad, porque en estos sectores no se puede considerar sólo lo económico, sino también el aspecto social. En el sector de las telecomunicaciones, la capitalización ha sido absolutamente espectacular. Basta un dato: teníamos cerca de 300,000 líneas telefónicas, y hoy tenemos 1.7 millones.

 

¿Quiere decir que la vía de la “capitalización”, escogida por Bolivia, es un instrumento neoliberal que, al contrario que las privatizaciones, ha funcionado?

En general, diría que ha funcionado. Además, para ser precisos, no podríamos definirlo como un instrumento neoliberal en sentido estricto. Otro aspecto positivo es el capital que el Estado ha reunido. Con esto hemos podido constituir un fondo de asistencia para todas las personas mayores de 65 años, que con base en esto tienen derecho a una renta anual.

 

Aparte de la capitalización, ¿qué piensa Ud. de la filosofía neoliberal?

El neoliberalismo en su concepto ortodoxo ha fallado. Esto se puede ver en toda América Latina, y Bolivia es un ejemplo más. Estamos en el 2004 y son 18 años que estamos pidiendo sacrificios a los bolivianos: la gente ya no cree en este modelo económico. Ahora se trata de reinsertar al Estado en el rol de gestor de la economía. No sólo en el sentido de favorecer una mayor productividad, sino también de luchar contra la pobreza y desarrollar la educación.

 

¿Podría decir algo sobre las relaciones internacionales de Bolivia, en particular con EEUU?

Las relaciones con EEUU son muy importantes para Bolivia, como para todos los países latinoamericanos desde el momento en que estamos bajo su área de influencia. Para EEUU es fundamentalmente el tema de la erradicación de las plantaciones de coca. Este es un tema ciertamente importante, pero para nosotros es una problemática que tiene costos económicos y sociales muy elevados, porque son muchas las familias bolivianas cuya supervivencia cotidiana está ligada a la producción de coca. EEUU nos apoya en lo económico, creando un fuerte vínculo de dependencia, pero la problemática de la coca es mucho más compleja.

 

Volviendo a la política interna, ¿cómo son sus relaciones con Evo Morales y Felipe Quispe?

Son dos relaciones absolutamente distintas desde el punto de vista político. Felipe Quispe [dirigente campesino conocido como “el mallku”, o cóndor en aymara (NA, Abr. 23, 2001)] es una persona que representa un grupo de personas muy preciso e identificable que proviene de la zona del altiplano, tiene posiciones muy radicales y poco flexibles. Creo que el maximalismo es su lógica y, por tanto, no veo cómo se pueda negociar con él en un contexto democrático.

Evo Morales [diputado y dirigente cocalero (NA, Dic. 31, 2003)] es una persona distinta. Tiene una perspectiva electoral muy amplia, quiere llegar al gobierno y por esto se ha insertado en un debate democrático. En los últimos meses ha contribuido a la gestión del gobierno, con una actitud racional y razonable. Últimamente, en verdad, me parece que está tomando posiciones muy críticas respecto a la nueva ley sobre hidrocarburos (NA, Set. 22, 2004). Está muy cercano a posiciones similares a la nacionalización, creando una serie de problemas en las relaciones internacionales, con la cooperación, con la misma industria petrolera con la que existen contratos firmados. Sin embargo, en esta cuestión Morales ha mantenido una posición legítima, dentro de un debate democrático.

 

Ud. parece ser una persona optimista. ¿Piensa llegar al final de su mandato, el 6 de agosto del 2007?

Es lo que me propongo. Habrá que ver si el pueblo boliviano seguirá apoyando a un gobierno que ha buscado hacer una gestión transparente. Seguramente afrontaremos momentos difíciles y la tensión social podría aumentar un poco. Creo, sin embargo, que el pueblo comprende que no se puede pedir todo a un gobierno nacido de una crisis tan grave.

 

Paolo Moiola desde La Paz

 


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