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Paolo Moiola
Contro le guerre e il dio-profitto ()

Berlusconi, el Fujimori de Italia

¿Qué está pasando en la bella Italia cuando el poder político y el poder económico se hacen uno: Berlusconi?
Un buen e informado artículo, bajo un título que, finalmente, es un favor a Fujimori.

Paolo Moiola (*)

Italia, la sexta potencia industrial del mundo, ¿sigue siendo una democracia? La duda tiene buen fundamento. El gobierno de Silvio Berlusconi (uno de los hombres más ricos del mundo) ha puesto al país de cabeza en menos de un año. Todas las estaciones de televisión están en manos del gobierno, los magistrados son atacados, los derechos de los trabajadores puestos en duda, el Estado social (sanidad, educación, jubilación) está siendo desmantelado. El proyecto de Berlusconi se parece cada vez más a aquel del ex presidente peruano Alberto Fujimori. Con un agregado: el inmenso poder que se desprende del imperio económico del potentado italiano.
Según la revista Forbes, Silvio Berlusconi está en el trigesimoquinto lugar en la clasificación de los hombres más ricos del mundo. Su patrimonio personal es de aproximadamente 7,2 billones de dolares.
Si es cierto, parafraseando a Dostoievski, que "la riqueza no es un vicio", es también cierto que no existe en país occidental alguno un caso como el italiano, donde cada día inevitablemente aparece un conflicto entre los intereses del país y los de Silvio Berlusconi. En cada campo, desde la información a la justicia, desde la economía y el welfare state (Estado del bienestar), es evidente el contraste entre los intereses públicos y privados del presidente del Consejo, quien es propietario de un imperio económico (la Fininvest, que opera en varios sectores, desde la televisión a la industria editorial, desde la actividad inmobiliaria a los servicios financieros y de seguros).
Silvio Berlusconi es la demostración de que en tiempos de globalización se está imponiendo una nueva regla: "quien posee el poder económico y mediático adquiere automáticamente el poder politico" (Ignacio Ramonet en Le Monde Diplomatique).

Berlusconi y los medios
Fujimori y Montesinos controlaban, por medio de un sofisticado sistema de corrupción, periódicos y televisión (recuerden lo que sucedió en Frecuencia Latina) en el Perú. Pero en relación con ellos, el premier italiano está en otra dimensión. Silvio Berlusconi es de hecho propietario de una porción enorme de los medios de comunicación masivos italianos: grandes redes televisivas privadas (Canal 5, Italia 1, Red 4), dos diarios (Il Giornale di Milano e Il Foglio di Roma), de la mayor casa editora italiana (Mondadori, que publica también Panorama, uno de los principales semanarios del país) y del cine (Medusa Film).
¿Pueden estos medios que le pertenecen al empresario Silvio Berlusconi criticar la obra del primer ministro Silvio Berlusconi? ¿Pueden estos medios hablar bien de los adversarios de Berlusconi? ¿Pueden estos medios hablar bien de los problemas judiciales de Silvio Berlusconi? La respuesta es obvia. Como si no bastara esta condición de evidente distorsión informativa, después de haber ascendido al poder Berlusconi ha puesto a sus hombres de confianza en los tres canales de la Rai, la televisión del Estado: presidente, director general y dos (de tres) directores de noticieros son hombres suyos. Por lo tanto, hoy en día en Italia las seis principales redes de televisión están en las manos del presidente del Consejo.
Pero no basta. La fama de poder y de consenso del primer ministro italiano es incontenible. Durante un viaje al este de Europa, en una conferencia de prensa, Berlusconi ataca a dos conocidísimos periodistas de la RAI (y también a un cómico) que habían osado hacer programas criticándolo y sugiere que se les aleje de la televisión pública.
No escapan del control y la censura los medios independientes. Estos, efectivamente, no critican la política del gobierno, a pesar de las evidencias: la caída de la economía nacional, el intento de anular la autonomía del Poder Judicial, la incapacidad de diálogo con la sociedad civil, el recorte de la inversión pública en la salud y la educación.
Hay pocos medios libres para decir lo que Berlusconi y su gobierno están haciendo verdaderamente. Cuando los periódicos extranjeros (también los conservadores, como el británico The Economist, el español El Mundo, el alemán Die Zit) hablan de las anomalías del sistema italiano, Berlusconi, sin temor al ridículo, contesta que estos están en manos de comunistas.

Berlusconi y la justicia ad personam
Fujimori y Montesinos destituyeron a los tres magistrados del Tribunal Constitucional que habían declarado inaplicable la ley de interpretación auténtica. Silvio Berlusconi (comprometido en cuatro juicios "por falso en balance" y corrupción en actos judiciales) está haciendo mucho más.
En primer lugar, ha tenido éxito en conseguir la elección al Parlamento italiano de nueve de sus abogados. Con los consejos de esta task force (equipo de trabajo) del derecho, el gobierno de Berlusconi está intentando poner bajo control al Poder Judicial haciendo trizas la Constitución italiana, el principio de la división de poderes de Montesquieu y la regla universal según la cual "la ley es igual para todos". De los nueve abogados-parlamentarios de Berlusconi, dos son los más famosos: Cesare Previtti y Carlo Taormina. El primero (que fue ministro de Defensa durante el primer gobierno de Berlusconi) está acusado de corrupción de actos judiciales, pero llevarlo a juicio se convierte en una empresa titánica. Entre las recusaciones de los jueces y dudas sobre la praxis, el proceso no llegará jamás a su fin (porque, además, la prescripción de los crímenes llegará mucho antes). El segundo, Taormina, ha sido forzado a renunciar a su puesto de subsecretario después de haber solicitado el arresto de los jueces de Milán, quienes están indagando desde hace muchos años sobre Berlusconi y Previtti.
En este primer año de gobierno el primer ministro italiano ha hecho que los parlamentarios aprueben una ley que despenaliza el "falso en el balance" (por lo cual está acusada la Fininvest de Berlusconi) y otra que vuelve muy difíciles las "rogatorias internacionales" (Berlusconi está acusado en España por fraude fiscal y falso por el juez Baltasar Garzón; Previtti en Suiza).
El gobierno está cansado de los magistrados que investigan sin mirar a nadie, sin respeto por los poderosos y los políticos. Por esto ha redactado una reforma de la justicia que se dirige a limitar severamente la autonomía de los jueces. Los magistrados italianos están luchando tenazmente contra este proyecto, e hicieron una huelga compacta el 20 de junio pasado. Mientras escribimos estas líneas, los parlamentarios de Berlusconi están preparando un diseño de ley con base en el cual ninguna investigación y ningún proceso podrán hacerse durante el mandato parlamentario. En otras palabras, si fuese aprobada esta norma conllevaría la inmunidad total para los que sean elegidos al Parlamento italiano. Otros diseños de ley de la mayoría proponen hacer más fácil la transferencia de proyectos y la recusación de los jueces por los acusados. Otro proyecto quiere prohibir las interceptaciones telefónicas cuando estén comprometidos parlamentarios y miembros del gobierno. Pero, ¿la ley no debería ser igual para todos?

¡Muera el Estado social!
El programa de Berlusconi es muy sencillo: menos impuestos, más libertad para los empresarios, más seguridad para los ciudadanos (y, en política exterior, vínculos más estrechos con los Estados Unidos de George W. Bush).
El primer punto (aquel por el cual lo han votado una parte de los ricos italianos del norte, después de un año de poder) no ha sido impuesto. Los empresarios, en cambio, tienen ahora mucha mayor libertad para despedir a los trabajadores gracias al "Pacto por Italia".
Una parte de los italianos identifica la delincuencia con la presencia de inmigrantes extracomunitarios. En la campaña electoral, uno de los lemas de Berlusconi fue "Ciudades más seguras". Una vez en el poder, ha hecho aprobar una severísima norma sobre la inmigración (denominada ley Bossi-Fini), para responder también a las presiones solicitadas por el aliado "Lega Nord", el partido secesionista (que quisiera un estado –"la Padania"– del cual formaran parte solamente las regiones ricas de Italia). Mientras tanto, las cuentas del país van muy mal, lo que preocupa a la Comunidad Europea, que mira con sospecha las maniobras del ministro de Economía, Giulio Tramonti, un profesor que ama aparecer en televisión para decir qué bien que va todo y cuán incapaces eran los ministros de Economía anteriores a él.
Una de las últimas invenciones de Tremonti (llamado "el financista de Berlusconi") prevé la puesta en el mercado del patrimonio del Estado italiano ("ley salva-déficit") que podría significar la venta de edificios, playas, monumentos. La norma es tan peligrosa que el presidente de la Republica, Carlo Azeglio Ciampi, ha escrito una carta a Berlusconi para amonestarlo por la venta de patrimonio estatal.
Ante este desastre, hay continuos recortes en el gasto social: sanidad e instrucción pública están en la mira del gobierno, que tiene como punto de referencia al gobierno estadounidense. Sin embargo, es muy conocido que en Italia la sanidad y las escuelas públicas son mejores (ampliamente mejores) que los servicios de salud y las escuelas públicas de los Estados Unidos de América, donde pueden curarse a cabalidad y estudiar solamente quienes tienen dinero para pagarse las clínicas y los institutos privados.

Berlusconi, el sur de Italia y... la mafia
Las diferencias de desarrollo y renta entre el norte y el sur de Italia son enormes. En el sur, Berlusconi ha ganado ampliamente. Particularmente inquietante es el caso de Sicilia (conocida por todos principalmente por ser la cuna de la mafia más que por sus extraordinarias bellezas artísticas), donde la coalición del premier ha conquistado todas las curules parlamentarios y la presidencia de la región. Pregunta: la mafia, ¿por quién habrá votado u ordenado votar?
Al respecto, hay que recordar lo dicho por el ministro de Obras Públicas, Pietro Lunardi, jefe (¡miren qué coincidencia!) de una gran sociedad constructora, la Rocksol, en un debate público: "Con la mafia hay que convivir".
Entre las innumerables promesas hechas en la campaña electoral, el premier prometió construir un puente sobre el estrecho de Messina, para unir la península con Sicilia. Una obra faraónica, costosísima (5000 millones de euros), inútil y sobre todo incompatible con el delicado equilibrio ambiental del estrecho. En estos meses todo el sur de Italia está pasando por una crisis hídrica sin precedentes. La agricultura y la cría de animales están de rodillas mientras que a las casas el agua llega solamente una vez por semana. Muchos se preguntan: ¿por qué en lugar de gastar cifras astronómicas para obras como el puente, no se reconstruyen los acueductos y las represas? Alguien nos proporciona la respuesta: el puente sobre el estrecho le da a la mafia la posibilidad de un enorme negocio, ya que la mafia controla el manejo del agua (que en Sicilia existe desde el tiempo de los romanos).

La conquista
¿Cómo se conquista el voto de los italianos? Permítanme un recuerdo personal. En abril del 2000, con la ocasión de un turno de elecciones regionales, como a la de millones de otros italianos también llegó a mi casa una carta con el logo de "Forza Italia" y una bella foto a colores de Silvio Berlusconi sonriente. En ella se leía, entre otras cosas: "Estimado señor Moiola, usted será llamado a las urnas [...] será una selección de campo, aquí o allá, una selección entre declive y desarrollo, entre empobrecimiento y bienestar, entre el riesgo de un régimen y la certeza de la libertad [...]".
En abril del 2001 la cosa se repite en su enésima potencia, ya que se trata de elecciones políticas, mucho más importantes que las regionales. Llega a las casas de los italianos un folleto impreso a colores de aproximadamente 130 páginas, titulado "Una historia italiana". En este se alaba la vida de Berlusconi, empresario de fama mundial, padre de familia ejemplar y estadista fuera de lo común que quiere construir "un país mejor, un país libre, próspero y justo".
Las calles de las ciudades italianas están invadidas por enormes gigantografías con la cara sonriente de Berlusconi, que promete todo y aún más: seguridad, trabajo, felicidad. Sus televisoras y su prensa inundan Italia con sus proclamas. La contraparte, aquel centro-izquierda que en cinco años de gobierno ha sanado la economía italiana, está paralizada por todo ese poder mediático y, aún más, dividida en su interior.
El 13 de mayo del 2001, alrededor de la mitad de los ciudadanos italianos vota por la coalición guiada por Silvio Berlusconi. Como en el Perú de Fujimori, también en Italia vence la demagogia y el populismo. Hoy Italia está pagando un carísimo precio por esa opción escogida.
Una pregunta, para concluir: si el de Alberto Fujimori fue un régimen dictatorial, ¿cómo podríamos llamar al de Silvio Berlusconi?


(*) PAOLO MOIOLA, nacido en Rovereto en 1960 y recibido en Economía Política, es un periodista profesional y se ocupa principalmente de "asuntos exteriores". En diciembre del 2000 recibió en Bruselas (junto a su colega Marco Bello) el primer premio del concurso periodístico internacional "Lorenzo Natali", instituido por la Comunidad Europea, por un reportaje sobre la República de Haití

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