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Paolo Moiola
Interviste (junio 17, 2002)

Presupuesto participativo caracteriza
hoy gobierno de Rio Grande do Sul.

Algo está pasando en el sureño estado de Rio Grande do Sul. En el último año ha tenido los índices de desarrollo más altos de Brasil en producción, exportaciones y empleo.
Para el gobernador Olívio Dutra, del opositor Partido de los Trabajadores (PT), existe una sola explicación para tan alentador panorama en este estado de 10.2 millones de habitantes: un presupuesto participativo.
Este sistema da oportunidad a los ciudadanos para decir dónde y cómo gastar los dineros públicos: en cuál escuela, centro de salud, sistema de agua, facilidades para la pequeña empresa o cursos de capacitación profesional.
Aunque el presupuesto participativo se aplica en la capital, Porto Alegre, desde 1989, no ha sido fácil para Dutra implementarlo a nivel del estado. Dutra es gobernador desde 1999, pero el PT sólo cuenta con 10 de los 55 escaños de la asamblea legislativa estadual.
Marco Bello y Paolo Moiola, colaboradores de NOTICIAS ALIADAS, conversaron con Iria Charão, coordinadora del gabinete de relaciones comunitarias y asesora de Dutra en el presupuesto participativo.

¿Qué es el presupuesto participativo?
Es una forma de democratización de la gestión del estado. Una administración legítimamente elegida tiene todo el derecho de gobernar, pero nosotros queríamos dar más poder a los ciudadanos, hacerlos más partícipes en las decisiones públicas. Solamente en el último año he recorrido más de 300,000 km por el estado, para recoger las propuestas de las diversas asambleas populares. El año pasado han sido unas 735, algunas con más de 4,000 participantes.
Las opciones políticas nacen de las opciones del presupuesto. Y esto ha sido siempre considerado una especie de caja negra, que sólo algunas personas pueden mirar. Pero el pueblo es el que saca el dinero de sus bolsillos, y tiene el derecho de definir cuáles son las prioridades.
Habíamos visto, con los años, un gran derroche del dinero público: obras faraónicas, que no cambiaron nada en la vida de la gente o que ni siquiera se terminaron. También se discuten grandes obras, pero sólo la población escoge las prioridades que se reflejan directamente en su vida cotidiana: creación de fuentes de empleo e ingreso, mejoramiento de los centros médicos, escuelas públicas.
Brasil es uno de los países con mayor desigualdad en la distribución del ingreso. Ello se refleja también en la estructura de la ciudad, donde junto a barrios residenciales modernos y con todos los servicios se encuentran barriadas populares privadas de los servicios básicos.
Este es un punto fundamental. El presupuesto participativo puede favorecer la distribución del ingreso, porque los más pobres pueden dar voz a sus demandas y pedir ser favorecidos en el gasto público. Si tenemos una parte de la ciudad bien estructurada (con alcantarillado, áreas de recreo, centros culturales, etc.), es tarea de una buena administración hacer que estas condiciones de vida estén disponibles para todos.
Para ello, el estado debe invertir donde no haya servicios, por ejemplo, en las periferias. Los más afortunados deben comprender que es responsabilidad del poder público preocuparse por la parte más débil de la sociedad.
Tenemos un lema: los derechos no se discuten, se cumplen.

Un bello proyecto, pero ¿qué costos sociales podría ocultar? Un sistema como el del presupuesto participativo, ¿puede suscitar la oposición de las clases más fuertes?
Nuestro sistema tiene opositores y muchos enemigos. La derecha conservadora y los neoliberales lo detestan. No tanto por lo que hace, sino por lo que crea. Crea un ciudadano más crítico, más exigente, más consciente políticamente. Un ciudadano semejante es un ciudadano peligroso, porque tiene voz en las elecciones que toman los gobernantes y esto no le gusta a la derecha. Para muchos políticos esto es una pérdida de poder e influencia. El que delibera sobre las obras es el Ejecutivo, y éste debe incluir a las instancias provenientes de las asambleas populares. En la formulación del presupuesto, el gobierno de Rio Grande do Sul da prioridad a las decisiones de la comunidad.

Rio Grande do Sul es regido por un gobierno del PT. En caso de derrota en las elecciones generales de octubre, ¿otra coalición política podría dar por terminada la experiencia del presupuesto participativo?
Podría hacerlo. Incluso porque no hay una verdadera y propia ley aprobada por la asamblea legislativa. ¿Pero convendría? Nuestro estado presenta índices de desarrollo envidiables.
Una ciudad o un estado con una mejor calidad de vida para todos tiene una mejor convivencia. De este razonamiento hay que partir. Si las periferias de la ciudad tuviesen una calidad de vida superior, nadie vendría a invadir o asaltar otros barrios.
Un ejemplo concreto: en la zona de la Avenida Ipiranga, en el centro de Porto Alegre, había una favela [barrio pobre]. Para los gobiernos precedentes la solución era: tomar la favela y desplazarla fuera de la ciudad. Nosotros hemos invertido esa lógica.
La gente habitaba allí más de 30 años y por ello escogimos mejorar las condiciones habitacionales. Construimos alojamientos temporales hasta concluir casas y edificios definitivos. No se expulsa a la gente del ambiente en que está: se mejora el ambiente.

El método del presupuesto participativo ha sido implementado por un partido de izquierda. ¿Qué dice la Iglesia sobre este sistema?
En Brasil tenemos una Iglesia Católica progresista. Basta recordar las diversas pastorales: de la tierra, de los afrobrasileños, de los indígenas, de la niñez. En general, la Iglesia Católica da un gran apoyo al sistema; por ejemplo, incentivando a la gente a participar en las asambleas. La coordinadora nacional de Cáritas tiene muchas personas involucradas directamente en el presupuesto participativo. Están además las comunidades eclesiales de base y los pastores de la Iglesia Luterana involucrados con los movimientos sociales. En suma, todas las iglesias que trabajan con las bases ayudan. ¡Cuántas veces se han realizado nuestras asambleas en los salones parroquiales!

¿Y Brasilia? ¿Cómo son las relaciones con el gobierno federal?
Brasilia no nos quiere. Si tuviésemos de nuestra parte al gobierno federal, las cosas serían mucho más fáciles. Pero los motivos de la oposición no son solamente políticos. Los dineros que llegan de Brasilia son pocos también porque gran parte de los fondos federales es destinado a cubrir la deuda externa. Es un problema real de disponibilidad.
El presupuesto participativo se aplica en Porto Alegre desde 1989 y en el estado de Rio Grande do Sul desde 1999. Se está trabajando para llevarlo a la megalópolis de São Paulo (15 millones de habitantes).

¿Es factible aplicarlo fuera de Brasil?
Sí, aunque no es un modelo exportable tal cual es. Pero hay principios fundamentales en torno a los cuales es posible construir. El primero es la universalidad del sistema: todos pueden participar, proponer, votar. El segundo es la discusión del presupuesto preventivo (preliminar). El tercero es la presentación del balance consuntivo (consensuado). El cuarto es la autorreglamentación, esto es, el proceso puede ser corregido o perfeccionado en el curso de las obras mediante la intervención de los ciudadanos.
Por último, hay un principio no escrito ni codificable: el sentido de solidaridad que el método despierta en cada cual. En Brasil, esto puede actuar como factor de cohesión. Durante 500 años este país ha sido gobernado por elites restringidas. Este proceso de participación en la gestión de la cosa pública es una especie de redención de los excluidos.


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